1001 libros que hay que leer antes de morir

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Una historia de amor y asesinatos

12 Marzo 2010 · No hay comentarios

Nos encontramos en Cádiz, en pleno contexto belicista de principios del siglo XIX. Se han reunido las Cortes Constituyentes, mientras Napoleón mantiene sitiada la ciudad. Se suceden asesinatos a sangre fría, comerciantes negocian clandestinamente, nace el amor entre algunos personajes. Éste es el contexto escogido por Arturo Pérez Reverte en su última novela, El asedio.

         El protagonista de este libro, habitual ajedrecista, intuye en la ciudad de Cádiz un tablero de ajedrez sobre el que se disponen diversas piezas, algunas más importantes que otras. Una clara referencia a La tabla de Flandes. Su objetivo es descubrir al asesino de las niñas cuyos cuerpos inermes muestran huellas de latigazos. Empieza a investigar, dejándose llevar más por el instinto que por el raciocinio.

Se trata de una novela con un lenguaje muy cuidado y una trama bien desarrollada. Además, ha obtenido muy buenas críticas. Justo Navarro apunta en El País: “El asedio tiene fuerza plástica y potencia narrativa. La fluidez entre ambientes y episodios es perfecta. Guerra y negocios discurren juntos. La gloria bélica resplandece en la desordenada ejecución de tres desertores, bajo un diluvio negro, en el fango. Aquí, como en toda buena fábula, el mundo está hecho de contraposiciones, entre los afectos, la guerra, el comercio, la política, el amor entre la Palma y el Lobo, de un frío candente, mortal para el metal menos templado”.

Mis obras favoritas del escritor de Cartagena son Territorio Comanche (1994), que aborda de forma soberbia el periodismo bélico; La piel del tambor (1995), una compleja novela con un fascinante enigma por resolver; y La tabla de Flandes (1990), que a partir de una misteriosa trama conduce al lector a un fascinante mundo de obras de arte y estrategias de ajedrez.

Por su parte, los críticos de 1001 libros que hay que leer antes de morir consideran El club Dumas (1993) como la obra más importante del autor de 59 años. “Este explícito homenaje a Alejandro Dumas contiene en su justa medida todos y cada uno de los ingredientes que convierten en excelente y concorde con los gustos contemporáneos a un relato de intriga, misterio y acción: el protagonista cercano y verosímil (el poco heroico Lucas Corso, traficante de libros antiguos), fiel heredero de algunos de los escépticos personajes de la novela policíaca clásica; los enigmas por resolver (autentificar un supuesto capítulo manuscrito de Los tres mosqueteros); el universo de ayudantes y opositores en el curso de una investigación que ha de desarrollarse en un espacio exótico por internacional; la sabia segmentación del discurso mediante elipsis e insinuaciones para mayor brillo del suspense y el entrecruzado de pistas y contrapistas; y, finalmente, el trufado no menos diestro de información erudita que bien satisface al lector en los remansos de las tribulaciones, bien lo conduce en el descifrado de la maraña”.

Con estos antecedentes, no cabe duda de que El asedio es una de esas novelas de lectura obligatoria, que se puede adquirir por 22,50 euros.

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“La necesidad es la condición de lo existente”

26 Febrero 2010 · No hay comentarios

John Berger © Ji-ElleEso dijo una vez el ensayista, novelista, dramaturgo, guionista y crítico de arte John Berger. Lo escribió en uno de los artículos que recogía su fantástico ensayo El tamaño de una bolsa (2004), donde el autor inglés realizaba una bella apología del arte. Es un libro casi tan extraordinario como G. (1972), éste último una crónica de las proezas sexuales de su anónimo protagonista durante los años de transición entre el siglo XIX y el siglo XX. Recomendada por los críticos de 1001 libros que hay que leer antes de morir, G. es llamativa por lo experimental: “La novela resulta notable no sólo por la atención que presta a los momentos de intimidad sexual, sino también por su manera de estructurar tales instantes mediante una percepción intersubjetiva”.

         Es precisamente el afán experimental de Berger el que remarca Isabel Coixet, también fan declarada del escritor, en la exposición From I To J. La cineasta catalana ha querido rendirle homenaje con una exposición que acoge La Casa Encendida hasta el próximo 11 de abril. Monica Bellucci, Sophie Calle, Patricia Clarkson, Penélope Cruz, Julie Delpy, Isabelle Huppert, María de Medeiros, Sarah Polley, Tilda Swinton y Leonor Watling ponen voz a Aída, la mujer enamorada del encarcelado Xavier, a quien escribe cartas que nunca obtienen respuesta.

         El objetivo de la muestra, vivir una experiencia sensorial. Grupos de veinte personas podrán disfrutar de una exposición escenificada sobre la base del libro de Berger From A to X (De A a X). Se trata de un laberinto, de un conjunto de sonidos que trasladan al visitante a una atmósfera de desánimo, pero también de esperanza. Donde el silencio cobra vida. Igual que la ausencia en el arte de Berger.

         From I To J aúna magistralmente el arte, la literatura y el cine. Es una bella forma de entender la obra del ganador del prestigioso Premio Booker y también de comprender cómo ha influenciado a la filmografía de Isabel Coixet, en especial a La vida secreta de las palabras, en cuyos créditos la directora, conocida por películas como Mi vida sin mí o Mapa de los sonidos de Tokio, cita al escritor.

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La humillación

12 Febrero 2010 · No hay comentarios

 

Hoy llega a las librerías españolas el nuevo título del escritor norteamericano Philip Roth. Siguiendo la tónica de gran parte de sus novelas, La humillación (Mondadori) aborda la búsqueda del autoconocimiento. En esta ocasión, el protagonista es un actor de sesenta años que se hunde profesional y anímicamente pero que, en un valiente intento de rehacerse, se adueña de unas inmensas ganas de vivir cuando conoce a una joven lesbiana a la que intenta seducir.

         Su novela más reciente publicada en España fue Indignación (Mondadori), cuya contundente cubierta reflejaba en buena medida el estado anímico de su protagonista, “Markie” Messner, un joven irritante y quejumbroso que luchaba por alcanzar la perfección. La crítica no hizo más que loar al escritor de Nueva Jersey: “Volví a comenzarlo para así intentar descubrir, en vano, cómo Philip Roth lo había hecho, cómo Philip Roth lo ha vuelto a hacer” (Rodrigo Fresán); “El mejor libro de Roth desde La contravida (John Banville); “[…] su suprema humildad: estar al servicio del argumento y de sus criaturas” (David Gates).

         La prolija producción literaria de este escritor de origen judío incluye treinta novelas, de entre las cuales 1001 libros que hay que leer antes de morir selecciona La conjura contra América (2004), La mancha humana (2000) y El lamento de Portnoy (1969).

         El primero de estos libros es un notable ejemplo del género de la ucronía: Parece la historia real de una parte de la infancia del autor (una bella evocación de la vida de una familia judío-americana de mediados del siglo XX), con un protagonista llamado Philip Roth y el trasfondo de la historia política estadounidense de la década de los cuarenta. Según los críticos de 1001 libros… “al tratarse de una obra de Philip Roth, resulta divertida a pesar de su temática. Roth se burla con cariño de lo americano, de lo judío y de la época en que le tocó crecer. No es ni descaradamente patriótica ni abiertamente insultante, pero, tras el mero entretenimiento, el lector percibe una mente y un corazón en pleno trabajo”.

En La mancha humana Roth reúne dos preocupaciones comunes: un héroe esconde un secreto y una aventura entre un hombre mayor y una mujer más joven. La novela narra la historia de Coleman Silk, un catedrático vilipendiado por su universidad tras recibir una falsa acusación de racismo. Una vez retirado, conoce a Faunia, una joven destrozada por la muerte de sus hijos y acosada por un exmarido violento. Mediante una serie de analepsis que nos trasladan a la juventud de Silk en el Bronx, descubrimos que es un hombre negro que ha rechazado el racismo que ha sufrido tanto por parte de blancos como de negros. Esta historia, llevada al cine de forma excelente en un film protagonizado por Anthony Hopkins (Coleman Silk) y Nicole Kidman (Faunia Farely), “constituye una astuta visión de la política social estadounidense, repleta de juicios, vergüenza e hipocresía, y la mancha que deja la humanidad en la vida”.

         El lamento de Portnoy fue un escándalo en su época (1969) no sólo por su explícito contenido sexual, sino también debido a que tales contenidos encerraban una especie de diagnóstico de los varones americanos de la época. Sin embargo, aunque aún hoy esta novela puede provocar cierta turbación, los contenidos sexuales resultan menos extremados en la actualidad. 

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Países de las maravillas despiadados

28 Enero 2010 · 2 comentarios

Sólo Haruki Murakami es capaz de titular una novela El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Sólo un escritor de tal calibre es capaz de crear dos mundos completamente diferentes, al más puro estilo de El señor de los anillos, y fundirlos en uno, de una forma bella y emocionante a la vez.

         La más reciente novela publicada en España del escritor japonés (que, a pesar de llegar a nuestras librerías en noviembre de 2009 data de 1985), nos adentra en dos historias paralelas, completamente ajenas en un principio, que se van entretejiendo a medida que avanza la trama. Por un lado tenemos “el fin del mundo”, un lugar mágico en el que conviven unos magníficos unicornios de pelaje dorado y personas a las que les son arrebatadas sus sombras. Paralelamente transcurre otra historia en el “despiadado país de las maravillas”. La acción se sucede en Tokio, donde están enfrentados los miembros del Sistema y los semióticos, dos órganos institucionales que pugnan por el control de la ciudad, que, por otro lado, se ve amenazada en su alcantarillado por unas criaturas terribles conocidas como “tinieblos”. El protagonista trabaja como informático para el Sistema cuando recibe un encargo extraoficial que le conduce a vivir numerosas aventuras por los tenebrosos subterráneos de Tokio, junto con una joven entrada en carnes que siempre viste de rosa.

         Se trata de una novela más cercana al realismo mágico propio de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o Kafka en la orilla que a obras más conocidas del escritor como Tokio Blues o After Dark. Los críticos de 1001 libros que hay que leer antes de morir apuntan que la novela Crónica del pájaro… “adopta la forma de una búsqueda ambigua, con muchas pistas intrigantes”. Eso mismo pretende El fin del mundo…, obra en la que el personaje protagonista desconoce (junto con el lector) qué está sucediendo y por qué, y va resolviendo los grandes interrogantes que se plantean desde el principio a medida que avanza la trama. Es una especie de viaje hacia el autoconocimiento, en el que los personajes exploran la relación entre los acontecimientos vitales y la magia fruto de la experimentación científica.

         En el imaginario de Murakami “se nos presenta un mundo de acontecimientos inexplicables […]”, explica 1001 libros… que, “mediante una prosa refinada y una delicada atención al detalle, armoniza los tonos de un universo caótico y surrealista”. Y El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas tiene eso y más. Es una novela excelente, como casi todas las de este escritor nacido en Kioto, que, además, obtuvo el prestigioso premio Tanizaki (uno de los escritores de más renombre de la literatura japonesa).

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Albert Camus intemporal

15 Enero 2010 · 2 comentarios

Han pasado ya cincuenta años de la muerte del escritor francés de origen argelino, y, sin embargo, sus incombustibles obras, como El extranjero o La peste, siguen siendo igual de actuales. Él, que había reflexionado en numerosas ocasiones sobre el absurdo, acabó siendo víctima de él. Murió un 4 de enero, en un accidente de coche, un par de años después de recibir el Premio Nobel de Literatura. Había pasado las Navidades con su mujer y sus hijos en Lourmarin y tenían previsto regresar a París en tren. Pero se encontró con su editor, Michel Gallimard, que se acababa de comprar un flamante coche, y le convenció de que fuera con él. Aún hoy siguen sin esclarecerse las causas del trágico accidente que mató al escritor y a su editor tras chocar contra un árbol.

         Las circunstancias de su fallecimiento han contribuido a que la figura de Camus sea aún más recordada, si cabe, junto con su intenso activismo anárquico. Sin embargo, su obra, por sí sola, merece ser perpetuada por la calidad de sus reflexiones existencialistas. Veamos qué opinan los críticos de 1001 libros que hay que leer antes de morir sobre sus dos obras cumbre: El extranjero (1942) y La peste (1947).

         En la primera de ellas, “la escrupulosa simplicidad de Camus fundamenta la historia a la vez en la cotidianeidad y en la fábula”, y es el lector el encargado de resolver esa ambigüedad. El extranjero relata un fragmento de la vida de un hombre gris llamado Meursault, un proscrito social que lleva una vida solitaria. Durante la narración se suceden varios hechos traumáticos (como son la muerte de su madre, el asesinato de un hombre y un juicio en el que Meursault es condenado a muerte) pero ninguno de ellos provoca la respuesta emocional que cabría esperar de él. “Todo es mundano en el universo de Meursault, aunque él apenas tiene control sobre ello”, apunta el crítico Seb Franklin. “El personaje de Meursault es una prueba de la falta de sentido de la vida, más allá del sentido que uno quiera darle. Comprobar y resignarse a esta esencial carencia de sentido es lo que constituye, para Camus, el absurdo”.

         Por otro lado, muchos críticos han coincidido al describir La peste como un libro repleto de “deprimente existencialismo”, sin tener en cuenta las virtudes de sus reflexiones, por muy oscuras que sean. Para Margaret Ann Doody, “lo que destaca en este texto, a pesar de su inflexible visión de la desesperación y el sufrimiento humanos, es el sentimiento de una humanidad común”. La peste narra cómo una plaga que mata a miles de ratas de la ciudad argelina de Orán acaba transmitiéndose a los humanos. A pesar del intento inicial de las autoridades de desmentir que se trata de una peste bubónica, ésta se va extendiendo entre la población. El sentimiento de asfixia y aislación comienza a dominar a los individuos, que deben enfrentarse a “la inevitabilidad de la muerte”, pero, a pesar de ello, siempre queda un resquicio abierto a la esperanza. El hecho de dotar a ese grupo de individuos, pertenecientes a todas las clases sociales, de sensibilidad y comprensión, hace de La peste una obra maestra intemporal, que, junto con El extranjero, constituye uno de los libros cumbres del existencialismo y de todos los tiempos.

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El mejor Orhan Pamuk, después del Nobel

31 Diciembre 2009 · No hay comentarios

La crítica literaria coincide al afirmar que el premio Nobel concedido en 2006 al escritor turco Orhan Pamuk es bien merecido. Es más, Rosa Montero llega a afirmar en el suplemento literario Babelia que la última obra del novelista, El museo de la inocencia, es la mejor del autor, y eso que es posterior a la concesión del prestigioso premio de las letras.

         El museo… es una novela de amor con mayúsculas, entre Kemal, un hombre treintañero, y Füsun, una joven de dieciocho años. Mientras que el protagonista forma parte de una rica familia de Estambul, ella, prima lejana de Kemal, trabaja como dependienta en una tienda. El atractivo joven planea casarse con su novia Sibel, guapa e inteligente, pero cuando se reencuentra con Füsun, éste se rinde ante la belleza de la joven. Sin embargo, tras una larga relación amorosa entre ambos, ella acaba casándose con otro. Esta historia tiene como trasfondo histórico la Turquía de los años setenta y primera mitad de los ochenta del siglo pasado, momento en el que los partidos de izquierdas y de derechas libraban turbias batallas. Aunque este argumento suena a historia de amor tópica y previsible, el relato es estremecedor (por la obsesión y la pasión que ciegan al protagonista) y bello.

         Según Rosa Montero, la novela se acerca más a sus obras Nieve o a Estambul, que a Me llamo Rojo. La escritora y editora Claire Watts explica en 1001 libros que hay que leer antes de morir que Nieve “desató un gran debate entre sus compatriotas, y algunos críticos le acusaron de estar demasiado occidentalizado para poder pintar un retrato equilibrado del país. El libro, sin embargo, le brindó a Pamuk un gran reconocimiento internacional por su descripción de la compleja situación política y cultural de Turquía”.

         Nieve relata la historia de Ka, un poeta que regresa a Turquía tras años de exilio político en Alemania. El protagonista es enviado como periodista a la ciudad de Kars, situada en la frontera del país, para informar sobre las elecciones locales que probablemente va a ganar el fundamentalismo islámico y para investigar una repentina oleada de suicidio entre las jóvenes que defienden el derecho a llevar velo. Mientras un temporal de nieve aísla la ciudad del resto del mundo, las tensiones entre laicos y fundamentalistas desembocan en un estallido de violencia. Y, aunque Ka está dispuesto a escuchar a todo el mundo (por ser una persona educada en una familia laica y que ha vivido muchos años en Occidente), menosprecia el fundamentalismo, cuyas creencias considera retrógradas. Al involucrarse en los acontecimientos acabará abandonando la ciudad convertido en otro hombre y con el corazón destrozado.

         El lector, a medida que se adentra en el relato, se ve bombardeado por todo tipo de puntos de vista y argumentos de escritores y líderes religiosos. Watts subraya que “el libro no sólo analiza el choque entre distintos grupos políticos y culturales, sino que contempla también el abismo fundamental entre Oriente y Occidente, la naturaleza de la fe religiosa y el proceso de creación artística”.

         Pamuk reconoció que Nieve sería su primera y última novela política. De momento no cabe duda que es cierto. Aunque en El museo de la inocencia se entrevén algunas alusiones a la política, esta novela es, ante todo, una bella reflexión sobre la existencia, el paso del tiempo y la pasión.

 

Título: El museo de la inocencia

Autor: Orhan Pamuk

Traducción: Rafael Carpintero

Editorial: Mondadori

Precio: 23,90 euros

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Metámonos en ‘El túnel’

18 Diciembre 2009 · No hay comentarios

Yo no decía nada. Hermosos sentimientos y sombrías ideas daban vueltas en mi cabeza, mientras oía su voz, su maravillosa voz. Fui cayendo en una especie de encantamiento. La caída del sol iba encendiendo una fundición gigantesca entre las nubes del poniente. Sentí que ese momento mágico no se volvería a repetir nunca. -Nunca más, nunca más- pensé, mientras empecé a experimentar el vértigo del acantilado y a pensar qué fácil sería arrastrarla al abismo, conmigo (Ernesto Sábato: El túnel).

Esta semana he releído la novela de Ernesto Sábato El túnel (1948), que en su momento me pareció muy buena, y, sin embargo, en esta ocasión, al detenerme en la reflexión filosófica, me ha parecido excelente. El túnel es la demorada confesión de Juan Pablo Castel, pintor que, encerrado tras acabar con la vida de María Iribarne, busca explicar por escrito los motivos del crimen. Sin ningún ápice de arrepentimiento, su relato está marcado por una paradójica fatalidad: la única persona que podía comprender esos motivos ha sido, justamente, su víctima.

         El profesor de Literatura Hispanoamericana Daniel Mesa Gancedo en la Universidad de Zaragoza describe así al personaje, en 1001 libros que hay que leer antes de morir: “Misántropo feroz, creyó vislumbrar un espíritu afín en la mujer absorta en la contemplación de un cuadro suyo. Contra el azar, el pintor provoca una relación cada vez más absorbente. Cuando conoce el mundo de la mujer (a su marido, a su primo, a sus amigas), sospecha que la afinidad intuida pueda no ser tal, o que no excluya el lado más sombrío de su personalidad”. Esta sospecha le conduce a sentir unos celos patológicos que el pintor cree sublimar en unas bellas reflexiones sobre la absoluta incomunicación humana, simbolizada mediante el túnel que da título a la obra.

         Mesa Gancedo opina que El túnel es un “ejemplo logradísimo de novela corta, anticipa motivos recurrentes en la narrativa del autor: la ambivalencia de lo femenino; la pasión absorbente y destructora; la incomprensibilidad del mundo; la ceguera simbólica […]. Su tono conecta con el de los mejores relatos existencialistas del momento y aprovecha (modificándolo) el patrón del género policíaco (sobre el que incluye, además, comentarios explícitos). Fue por ello uno de los primeros relatos hispanoamericanos con notable trascendencia internacional”.

Mesa Gancedo también recomienda en 1001 libros… la segunda novela del ganador del Premio Cervantes en 1984, Sobre héroes y tumbas (1961), un libro que narra el cataclismo existencial que supone para el joven Martín del Castillo el encuentro con un ángel terrible: Alejandra Vidal Olmos. El profesor de Literatura concluye así: “El todo conforma un relato de relaciones familiares marcadas por la locura, el odio y el incesto. Las reflexiones sobre la historia del país y las especulaciones metafísicas y literarias lo convierten además en un notable ejemplo de novela filosófica, de tanta tradición en Argentina”.

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Literatura hebrea moderna (2)

4 Diciembre 2009 · No hay comentarios

 

Tras repasar a los primeros maestros de la literatura hebrea (S. Yishar y Shmuel Yosef Agnon), hoy dedicaremos este espacio al escritor israelí Amos Oz. Aunque tiene en su haber numerosos ensayos, cuentos y relatos, el narrador, nacido hace setenta años en Jerusalén, es más conocido por sus novelas.

Candidato en numerosas ocasiones al Premio Nobel de Literatura y galardonado con el Premio Príncipe de Asturias en 2007, obtuvo en 2005 el Premio Goethe por su obra ‘Una historia de amor y oscuridad’ (2003, DeBolsillo). Se trata de la primera novela autobiográfica de uno de los escritores hebreos más comprometidos con el conflicto israelo-palestino (cambió su apellido original Klausner por Oz, que significa “fuerza” en hebreo, tras unirse al kibbutz Hulda con quince años). ‘Una historia de amor y oscuridad’ arranca con el nacimiento de Oz y finaliza con la muerte de su madre, es decir, describe la historia de su infancia y adolescencia, la vida de sus padres y de su familia.

La profesora de hebreo moderno de la Universidad de Yale Ilana Wistinetzki, explica en ‘1001 libros que hay que leer antes de morir’ que “la narración abarca cinco generaciones y se entrelaza con maestría con la historia con mayúsculas, es decir, la situación de los judíos en la Europa del este desde el siglo XVIII hasta el siglo XX, el movimiento sionista, el mandato británico en Palestina, el asedio de Jerusalén, la Guerra de la Independencia y la fundación del estado de Israel.

La madre de Oz, Fania, es el hilo argumental del libro, que se va ramificando en infinidad de estructuras narrativas. El suicidio de Fania se entrevé en diversos episodios de la novela y parece constituir un elemento fundamental de la trama. De hecho, Oz lucha dolorosamente con la tendencia de su familia a silenciar todas las emociones: “Desde el día de la muerte de mi madre, hasta el día de la muerte de mi padre, veinte años más tarde, no hablamos de ella ni una sola vez. Ni una palabra. Como si no hubiese existido”. Oz aprovecha las páginas finales para quebrar “los miles de años oscuros que nos separaban a todos” y relatar los últimos días de su madre. Basándose en el recuerdo de los relatos de su tía y de su tío, Oz logra vislumbrar la muerte de su madre “como si una antigua luna se reflejara en el cristal de una ventana y desde allí se reflejase a su vez en un lago, a partir del cual la memoria dibuja no el reflejo en sí mismo, que ya no existe, sino únicamente sus besos blanqueados”.

También su obra ‘La caja negra’ (1987, DeBolsillo) es fundamental para cualquier amante de la literatura hebrea. Este libro está formado por una serie de cartas, notas y télex que son los documentos con los que cuenta el lector para tratar de entender qué ha sucedido en “la caja negra” de la relación matrimonial que une a Ilana y Alex en Israel. “La correspondencia permite a Oz utilizar diferentes voces y tonos para captar la fragilidad, la sexualidad, el absurdo y la ambición de la existencia humana en un ambiente religiosa, política y socialmente cargado”. Paralelamente, también habla de la historia, la política y las escisiones religiosas modernas de su país. Tras haber servido en el Ejército israelí, ser maestro a tiempo parcial y estudiar en Oxford y Estados Unidos, no cabe duda de que Amos Oz ofrece una visión muy amplia de las cuestiones que aborda.

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Literatura hebrea moderna (1)

20 Noviembre 2009 · No hay comentarios

Esta semana he leído ‘Hirbet Hiza, un pueblo árabe’ (1949), del escritor israelí S. Yishar, una de las novelas fundamentales de la literatura hebrea. Me ha parecido excelente no solo literariamente, sino también por el mensaje inherente de denuncia al trato que los judíos dieron a los árabes durante la guerra de la independencia israelí.
Narrada en primera persona, ‘Hirbet Hiza’ transcurre en un pueblo árabe imaginario del mismo nombre, en 1949, durante la postguerra del conflicto árabe-israelí que sacudió la zona en 1948. Un grupo de soldados israelíes recibe la orden de desalojar el pueblo y enviar a todos sus habitantes a un campo de refugiados. El narrador es uno de esos soldados, que se plantea hasta qué punto es ética esa ocupación. Las descripciones que realiza S. Yishar son magníficas y emotivas, y el monólogo interior del protagonista, que se tambalea entre la necesidad de apoyar la causa israelí o seguir el dictado de su conciencia, es sencillamente brillante.
Os dejo un fragmento precioso de la edición de Minúscula de ‘Hirbet Hiza’: “Inevitablemente, afloró en mí lo que nos había pasado a nosotros, en casa, no hacía tanto tiempo y también hacía ya mucho, y hasta muchísimo, incluso más allá del límite borroso y lejano de la infancia, cuando de repente se oían unos tiros, unos disparos que llegaban de la frontera, lo mismo que los disparos del otro lado de los naranjales, y los de las colinas lejanas, los disparos nocturnos, o los de antes del amanecer, los rumores, el apagar las luces, algo grande que caía, grave, amenazador, preocupante, y las carreras, el secreteo, la escucha tensa, el miedo, las siluetas de unas sombras que aparecían con fusiles, extrañas y solemnes a la vez, que corrían por la amplia cuesta, el temor, las voces nerviosas, alguien que pedía silencio absoluto, y enseguida, por un contexto muy similar al de ahora, me imaginaba con todo detalle y certeza como en esa casa de la persiana verde y enlucida de blanco y azul alguien, abandonando lo que estuviera haciendo, se había puesto de pie presa de pánico, y como en esa de adobe de más allá otro dejaba de comer al tiempo que alguien del grupo de casas que había a la derecha hacía callar a quien en ese momento estuviera hablando: ‘¡Disparos!’, mientras les recorría un escalofrío, se veían acometidos por unos retortijones y una madre mortalmente aterrorizada acudía a reunir a sus hijos con el corazón en un puño”.
También me gustaría repasar los grandes nombres de la literatura hebrea moderna. Es inevitable comenzar por Shmuel Yosef Agnon, el primer israelí en ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1966. ‘1001 libros que hay que leer antes de morir’ habla de su obra ‘En el corazón de los mares’ (1948): “Está escrita con su estilo original y personal, entretejiendo el judaísmo tradicional, el lenguaje de las Escrituras y los textos rabínicos más las influencias de la literatura alemana para formar un lenguaje moderno, intrincado y único que es claramente el suyo propio”.
‘En el corazón de los mares’ está constituido por doce capítulos que se desarrollan a finales del siglo XIX. Un grupo de piadosos judíos viajan desde la ciudad de Buczacz (ahora en Ucrania) a Polonia y Moldavia, para llegar a Constantinopla y, luego, a Jaffa y Jerusalén. Los compañeros de “buen corazón” superan peligros y dificultades en el camino, “además de tentaciones de Satanás”, mediante el poder de su fe y su vibrante amor por Jerusalén y la tierra de Israel.
Una literatura muy patriótica (el propio Agnon dijo al recibir el Nobel: “Es en virtud de Jerusalén que he escrito todo lo que Dios ha puesto en mi corazón y en mi pluma”), de las más estudiadas dentro de la prosa hebrea.
Actualmente el nombre israelí más mediático es el de Amos Oz, pero hablaremos de él en el próximo capítulo.

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Mi amor platónico

6 Noviembre 2009 · No hay comentarios

La semana pasada salió a la palestra la Biblioteca de Grandes Pensadores que la editorial Gredos ha decidido crear para satisfacer necesidades no sólo académicas, sino también populares, y que reúne a pensadores de todos los tiempos, como Voltaire, Séneca, Kierkegaard o Nietzsche. Se trata de una colección de 38 volúmenes de alrededor de mil páginas y un precio de 59 euros cada uno.
Me parece una idea brillante, aunque no original, dado que la propia editorial Gredos ya cuenta con su Biblioteca Clásica, con los mejores títulos de todos los tiempos, incluidos algunos de los más importantes pensadores. También Random House Mondadori ha editado en rústica, en su sello DeBolsillo, grandes clásicos de la literatura y del pensamiento que incluyen a autores como Virginia Woolf, Junichirô Tanizaki, V.S. Naipaul, Sófocles, Esquilo, Dickens, Tolstói y Nietzsche, entre otros.
‘1001 libros que hay que leer antes de morir’ recomienda especialmente a los pensadores franceses de finales del siglo XVIII, como Voltaire, Jean-Jacques Rousseau o Denis Diderot. En ‘Cándido, o el optimismo’ (1759), Voltaire realiza una crítica muy interesante a la Ilustración y, en concreto, al principio de Leibniz de la razón suficiente, que mantiene que nada puede existir sin que haya una razón para ello.
Como explica ‘1001 libros…’, “la consecuencia necesaria de este principio es la creencia de que el mundo real tiene que ser el mejor de los mundos posibles, puesto que cualquier otra cosa sería incongruente con el poder creativo de Dios”. Este principio filosófico lo expone Voltaire a partir de la historia del joven Cándido, educado siguiendo ese pensamiento, pero expulsado posteriormente del magnífico castillo en el que se ha criado. A partir de entonces, el joven sufre numerosos apuros y se tropieza con horrores como violaciones, guerras o ahorcamientos. En ese punto, Voltaire ridiculiza la ciencia, la filosofía o la política, y realiza una “pertinente” sátira cómica de los males de la sociedad de su tiempo.
Sin dudar del brillante trabajo de Voltaire, de los grandes pensadores el que más me apasiona es Platón. Sus ‘Diálogos’, publicados en una edición excelente por la Biblioteca Clásica de Gredos, invitan a la reflexión a través de la palabra. Como en la intervención de Sócrates en el diálogo de Fedón:
“Puede ser que alguna senda nos conduzca hasta el fin, junto con el razonamiento, en nuestra investigación, en cuanto a que, en tanto tengamos el cuerpo y nuestra alma esté contaminada por la ruindad de éste, jamás conseguiremos suficientemente aquello que deseamos. Afirmamos desear lo que es verdad. Pero el cuerpo nos procura mil preocupaciones por la alimentación necesaria; y, además, si nos afligen algunas enfermedades, nos impide la caza de la verdad. Nos colma de amores y deseos, de miedos y de fantasmas de todo tipo, y de una enorme trivialidad, de modo que ¡cuán verdadero es el dicho de que en realidad con él no nos es posible meditar nunca nada!”.
El uso de la mitología para explicar las dicotomías existentes, no sólo en relación a la distinción entre el cuerpo y el alma, sino también a las diferencias entre el mundo palpable y el mundo de las ideas, hace del pensamiento de Platón un precedente fundamental para los filósofos posteriores. Pero, además, las metáforas utilizadas por el filósofo griego han logrado hacer de la filosofía literatura. Quizá por ello sea mi pensador predilecto.

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